Ando en estos días con varios proyectos, en diferentes empresas, que tienen como vínculo la necesidad de encontrar en los profesionales una habilidad que, en los últimos tiempos ha tomado una enorme importancia para las organizaciones. ¡Buscan profesionales innovadores! Eso sí, aclaran, “innovadores, no creativos”. Pues eso, ¡qué fácil!

Es verdad, todas las empresas quieren ser innovadoras, y hacer de esta característica el “leitmotiv” de su cultura, de forma que esta característica sea un elemento que se repita en los profesionales que trabajan en ella.

Hasta aquí, todo está muy bien. Pero claro, no todo el mundo se pone de acuerdo al definir que entienden por eso de innovación. Y me he puesto a investigar tanto sobre las características que tienen las empresas que, de forma generalizada, están consideradas como innovadoras, como sobre los perfiles de las personas que tienen igualmente reconocida esa etiqueta de innovadores.

Innovación empresarial

La conclusión ha sido sencilla. Al hablar de empresas, son innovadoras (o al menos se produce más innovación en ellas) aquellas que no tienen un modelo encorsetado, y que, por decirlo de forma sencilla, facilitan que las personas asuman un cierto nivel de riesgo. De la misma forma, los innovadores son aquellos dispuestos a asumir ese riesgo, y que sienten cierta animadversión hacia las normas establecidas. Las entienden, las respetan y las cumplen… hasta que tienen que dejar de cumplirlas.

Empresas innovadoras -  Ray Human CapitalEn muchos campos de la vida más “cotidiana” se replican estas situaciones. El otro día, viendo una exposición de fotografía, me quedé impactado por el gancho que tenían las imágenes que veía y pensaba en la capacidad creativa de los autores de las mismas. Claro, que al final de la exposición encontré alguna pista sobre las claves de ese gancho. Y es que, entre una gran cantidad de libros temáticos, encontré uno que dio cierta explicación a lo que aquí quiero decir. Hablaba precisamente de las reglas a seguir en la fotografía. A los iniciados en el tema, les sonarán términos como la regla de los tercios, la profundidad de campo, el encuadre, la nitidez… Pero hablaba de ellas como algo que hay que tener en cuenta para poder partir de unos básicos. Para después decirlo bien claro: “olvídese de las reglas”. Sea Vd. mismo, atrévase a desafiarlas y cuestiónese su eficacia.

Creo que las organizaciones tienen (tenemos) mucho que aprender de esta reflexión. Es importante ser respetuoso con las normas, los procedimientos, los procesos… de hecho, todo eso es lo que da estructura y orden a una empresa. Pero llega un momento en el que se vuelven en tu contra y lo que hacen es limitar la capacidad de actuación de los profesionales. Dicho de otro modo, dejan poco margen de maniobra a cuestionarse el orden establecido, explorar soluciones a problemas diferentes, o (en definitiva) a proponer ideas verdaderamente novedosas. Y yo creo firmemente que es precisamente lo que, llegado el momento, hay que exigirles a las personas.

Me gustaría de verdad comprobar si las empresas que se llaman innovadoras siguen un modelo (al menos) parecido. Analizar las situaciones que se dan en el día a día, y comprobar si los que menos experiencia tienen pueden contar -al menos- con la oportunidad de dar una opinión, desafiar un criterio o simplemente tomar una decisión. Estoy muy cansado de ver empresas (de cierto éxito, sí) que buscan la innovación, que dicen apostar por el talento y que defienden un modelo ágil y verdaderamente flexible.

Pero que luego son de lo más rancio y practican el modelo de gestión más clásico que puedes imaginar. Y no hace falta buscar muy lejos. Algo similar que nos puede servir a modo de ejemplo ocurre con el teletrabajo, una práctica permitida y apoyada por la mayoría de empresas que tan sólo utilizan en realidad, y siendo optimistas, el 26% del total. Pese a ser una práctica de moda e innovadora que ha demostrado generar grandes dosis de motivación y por tanto de productividad en los empleados, aquí, en España, sigue prevaleciendo la cultura de calentar la silla. Es decir, necesitamos ir a la oficina para que nos vean “trabajar…

Y ¿por qué se produce eso? ¿Todavía no te has dado cuenta? Es lo que dicen las normas…

¡¡Qué hartura de normas!!