No pretendo escribir un artículo para hablar de los parabienes de trabajar en equipo. Todos lo sabemos, aunque en muchas ocasiones no lo hagamos. De lo que sí me gustaría hablar es del espíritu de equipo que es algo en lo que creo firmemente.

Comunicación y sentido del humor

Me siento especialmente atraída por las experiencias de algunos deportistas de élite. Escuchaba recientemente a uno de ellos con un reconocido prestigio y experimentado en deportes de alto riesgo, sobre cómo hacía para trabajar exitosamente con el mismo equipo durante 20 años, viviendo con ellos momentos límite donde han puesto en varias ocasiones en juego su vida. Él comentaba que hay dos factores que le resultaban básicos para que el equipo funcionara bien: la comunicación transparente y el sentido del humor. Extrayendo parte de ese coloquio, él comentaba que hablar claramente de los problemas que se habían dado entre ellos en determinadas situaciones era clave. Recomendaba hablar inmediatamente una vez pasada la situación crítica, acerca de lo que había ocurrido, qué les había producido el malestar y soluciones que acordaban para evitar que esa situación se repitiera.

comunicación-Ray Human CapitalPara mí es un factor imprescindible la utilización de una comunicación transparente y no agresiva en los equipos de trabajo, centrándonos en el hecho y no en la persona. Es la capacidad de expresarse sin usar juicios sobre lo que está bien o mal, sobre lo que es correcto o incorrecto. Es expresar nuestros sentimientos y necesidades, en lugar de críticas o juicios morales. Este tipo de comunicación tiene un efecto mágico en nuestra comunicación con otros, lima asperezas y nos permite conocer las expectativas de los otros sobre nosotros y viceversa,  construyendo puentes en lugar de derribarlos.

Otro aspecto que igualmente comparto con él es el sentido del humor. Sabernos reír en momentos de tensión distiende el ambiente y relaja el espíritu, aunque sigamos trabajando con la misma intensidad y esfuerzo. Comprendo perfectamente que esto quizás a algunos no les cuadre y que incluso serían incapaces de tener humor en esos momentos, e iría más lejos, les generaría más tensión. A muchos en cambio, les/nos hace trabajar mejor, es su/nuestra dosis de carburante en momentos críticos.

Motivación extrínseca

Los proyectos que recuerdo con más cariño han sido aquellos que trabajando con varias personas a horas intempestivas y con una presión de tiempo para acabar el trabajo el día D a la hora H y ni un minuto más allá, surgía una anécdota, un despiste de alguien, una broma… y la risa era desahogada y sobre todo liberadora.

También muchos de mis compañeros recordarán los momentos en la cocina. Sí, sí, la cocina de la empresa. Después de mañanas intensas de trabajo y de lo que deparaba la tarde, la hora de la comida, en esa cocina pequeña, luminosa, en la que había más ventana que cocina, y en la que nos sentábamos 14 personas fácilmente, los momentos de tensión se quedaban fueran de esa puerta. Había una regla no escrita y que todos seguíamos: prohibido hablar del trabajo. Permitido hablar de todo lo demás por muy sui generis que nos pareciera: debates políticos, morales, preocupaciones, inquietudes, confidencias y un larguísimo e inimaginable etc. La happy hour terminaba y todos a sus puestos pero con un espíritu infinitamente más renovado. Sin quererlo y pretenderlo, comenzamos a generar esos vínculos personales que ayudaron a consolidar los profesionales, la involucración y motivación de todos nosotros.