No todos los delincuentes usan linternas, ropa negra para camuflarse en la oscuridad y gorro de lana para tapar su rostro. Algunos de ellos prefieren vestir con trajes y lucir su mejor discurso y sonrisa en público. Justamente en dichas particularidades reside la trampa… no son lo que parecen.

Inteligentes, formados, con unos egos sobredimensionados y sutilmente camaleónicos, se adaptan perfectamente a cada situación y circunstancia, se consideran una élite dentro del rubro. Algunos autores los definen como “cínicos devorados por una ilimitada ansia de poder”. Su desmedida ambición personal les convierte en depredadores que no reparan en medios con tal de aumentar la competitividad de sus trabajadores, anticiparse a los mercados y lograr una expansión sin fronteras.

Trabajadores tóxicos
Convivir con un caníbal en la oficina es difícil. El ambiente se vuelve tóxico, realmente incómodo, molesto y causa mucho estrés. La buena relación que mantienen con los superiores les coloca en una posición privilegiada y bajo la pretensión de “ayudarles” van abriéndose paso, alejando a los jefes de la realidad del equipo y mermando su capacidad de liderazgo.

Jekyll_Hyde-Ray Human CapitalEste delito difícilmente tiene castigo en las empresas a corto plazo, pues en una primera etapa la productividad, incluso la rentabilidad, puede aumentar. Sin embargo, los efectos devastadores resultan a posteriori, produciéndose un “efecto acordeón”.

Denunciar una situación de estas características resulta complicado, por lo que lo mejor es PREVENIR. Debemos seleccionar muy cuidadosamente a quién incorporamos a nuestras organizaciones.

Evaluación interna, ¿a quién tienes en tu empresa?
Somos conscientes de la importancia de esta temática y por este motivo, desde Ray Human Capital, a través de nuestro expertise y de los avances de la tecnología, hemos desarrollado unos cuestionarios específicos, squares, que nos ayudan a explorar y a evaluar la integridad y los comportamientos contraproducentes y tóxicos de los profesionales en las empresas.

Como expertos en las personas, nuestra responsabilidad es identificar a profesionales “sanos”; personas emocionalmente inteligentes, con autoestima y satisfechas consigo mismas. Hablamos de profesionales que se rigen por códigos éticos del ganar-ganar y que están preparados para adaptarse estratégicamente y de forma efectiva a un entorno laboral cambiante donde el núcleo central, continúa siendo las personas.