Monjes contra ninjas: los diferentes tipos de empresa

Recientemente mi hijo me preguntó qué era lo que veía en la televisión: alguien con un laxo criterio educativo, pongamos su abuelo, permitía al niño ver una película de karate. En ese momento los monjes del templo saolín ensayaban, en esos ejercicios matutinos llevados a cabo en las frías montañas de Nepal, a una temperatura desagradable. Y ensayaban a cámara lenta, muy lenta. Pero cuál fue la sorpresa de mi hijo al ver que, de repente, el cotarro se animaba, y sin un segundo de descanso, se lanzaban a repartir puñetazos a diestro y siniestro con unos resultados francamente excepcionales.

Tipos de empresas

AhoraTras apagar la televisión me vino a la cabeza un par de organizaciones con las que tengo la oportunidad de trabajar. Una de ellas son monjes, es decir, personas analíticas, reflexivas, procedimentadas, con una elevada capacidad de concentración en las tareas. En esa empresa, se vive con intensidad el silencio, las conversaciones con voz modulada, el sonido matizado de los teclados. La toma de decisiones es jerárquica, estructurada y en un elevado porcentaje de los casos, acertada. Pero esa tasa de acierto conlleva un retraso en el “time to market” elevado, algo que impacta en la eficiencia y en la consecución de objetivos.

La otra empresa está llena de ninjas: sus oficinas viven estresadas. Un claro síntoma de lo que digo es la absoluta carencia de plantas en sus instalaciones, nadie tiene tiempo de regarlas, las personas pasan al lado de ellas a tal velocidad, que suelen acatarrarse y secarse. Cuando visito a esa organización vivo intensamente cómo las conversaciones por teléfono se superponen unas a otras, cómo el teclado asimila funciones de “sparring” y como se toman decisiones en los pasillos entre dos personas que intercambian los datos y toman la decisión mientras una avanza hacia la otra y en ningún momento se paran para charlar. Las decisiones no se suelen reflexionar demasiado “hoy día el mercado te come: o actúas o mueres”, suelen decirme. Al cabo del año toman centenares de decisiones, muchas de las cuales fallan, y otras muchas aciertan por el mero hecho de ser las primeras.

Obviamente, los dos casos anteriores son caricaturas de dos empresas reales, pero viendo la película del otro día pensaba en lo necesario que sería disponer de monjes-ninjas. Sobre todo, de lo eficaz que sería poder ensayar los movimientos de manera muy lenta y repetitiva para poder ponerlos en acción a velocidades de vértigo, es decir, entrenar el proceso de toma de decisiones para poder actuar cuando realmente sea necesario.

La toma de decisiones en las empresas

La pregunta que, obviamente surge ahora es: ¿con qué rapidez puede actuar su organización? Hoy día, y que conste que soy de los optimistas que piensa que esto comienza a cambiar, en periodos de crisis económica y especialmente en mercados cambiantes, la rapidez de actuación es la clave del éxito. Hasta aquí todos de acuerdo, sé que no he inventado nada. Pero,  ¿cuál es la clave de la rapidez? Aquí las respuestas son cambiantes, muchos consideran que el sector, el tamaño de la empresa o el producto/servicio es el que decide la clave de la rapidez. En algunos casos se habla de los Sistemas de Información: o no existen, o los que hay no son suficientemente rápidos. En otros casos se considera que la falta de personal es clave para no alcanzar los objetivos: se necesita más gente y mejor preparada. En otros casos no poder proporcionar una adecuada compensación por motivos exógenos debilita la motivación. Sin embargo, existe un mínimo común múltiplo, independientemente del tamaño de la empresa y/o del sector en las empresas que atesoran la clave de la rapidez:

  1. Sus empleados tienen un fuerte compromiso con la empresa.
  2. La estructura directiva acelera el proceso de toma de decisiones

En el primer caso, el compromiso es el resultado de trabajo + éxito = resultados = retribución. Los costes directos por retribución pueden llegar a suponer el 70% de los gastos de una empresa. Pero el diseño de un buen sistema retributivo y, específicamente, del mejor “mix” retributivo para la empresa, puede ayudar a optimizar esa inversión y, sobre todo, mantener a los monjes-ninja dentro del templo (recientes estudios cuantifican en seis meses de salario el coste de reposición de un profesional medio).

En el segundo caso, el aplanamiento de la estructura directiva facilita la velocidad con calidad en la toma de decisiones. En este caso, los “maestros saolines” deben ser capaces de asegurar que los principios operativos fundamentales, la estructura organizativa, la cultura y las responsabilidades del puesto están totalmente en línea con la estrategia

Ambos casos, retribución y organización, desde nuestro punto de vista son claves para la buena marcha organizativa. Y creemos sinceramente que el actual entorno no es una barrera para acometer proyectos de mejora en estos ámbitos, todo lo contrario, facilitan e impulsan la toma de decisiones que, en otro entorno macro, hubiera sido más difícil.

El objetivo de este blog es compartir experiencias y situaciones que ayuden a la reflexión y a la toma de decisiones en los ámbitos de la organización. Os invitamos a compartir con nosotros la reflexión detallada que, sobre los anteriores puntos, llevaremos a cabo en los próximos artículos.

 

By | 2017-06-12T12:17:42+00:00 Noviembre 8th, 2013|Categories: Blog|Tags: , |0 Comments

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