Siento frustración cuando veo que mi listado de tareas pendientes y mis responsabilidades, lejos de disminuir, se incrementan por horas. Es como esos kilos que sabes que tienes que perder y que, a pesar de los esfuerzos, parece que no hay forma. Me siento como una navaja multiusos: Becario, Consultor, Jefe de proyecto y Manager. Estoy fuera de mi zona de control.

Después de varios días observando mí alrededor y mirando mi propio interior, me doy cuenta de que hemos caído en la trampa del “esclavo del s.XXI” (así es como una vez escuché que nos llamaban). Consigo frenar mi energía “speedica” 10 minutos y me doy cuenta de que acabo de incumplir un mandamiento fundamental para mí: No estoy siendo protagonista de mi vida. Me estoy comportando como una víctima de mi propia situación.

Cientos de personas experimentan esta situación diariamente y en un negocio tremendamente duro como pudiera ser el mío, esto es algo que no debes permitirte durante mucho tiempo a ti mismo o, de lo contrario, en el camino te desmotivarás. Tú eliges lo que estás dispuesto a dar de ti y lo que no. Es una cuestión de actitud y compromiso personal no de imposibilidades ni barreras que otros imponen y que tú no puedes controlar. No caigas ahí. Tu empresa puede tener mil barreras o problemas pero tú tienes la capacidad, créelo, de elegir tu actitud ante la situación que vives.

Of rights and dutiesJamás he experimentado esa sensación tan “consultoril” de vender humo o hacer cosas sin sentido o abstractas, sino todo lo contrario.  Es mi derecho luchar por lo que yo quiero y yo elijo hacer las cosas bien, con utilidad para otros y con crecimiento y reto para mí. Es mi deber cumplir con los tiempos y con lo pactado pero “el cómo” lo haga, lo controlo yo.  Yo decido poner todo lo que soy en las cosas que hago y, por tanto, es mi responsabilidad afrontar las consecuencias que de ello se deriven.

Decía Covey que existen dos formas de afrontar tu vida: centrar tus esfuerzos  en cambiar las cosas que te preocupan y que no dependen de ti o centrar tus energías en cambiar las cosas que te preocupan y sobre las cuáles sí puedes ejercer un cambio. En el primer caso, estás siendo una víctima de tu vida; en el segundo, te conviertes en protagonista de la misma. No importa cuántas cosas puedes controlar o si son más importantes o menos, lo que marca la diferencia es saber enfocarse en ellas, aunque solo sea una. Quizás ahí radique el “quid” de muchos de los problemas de frustración que experimentamos: ¿Sabemos  identificar qué forma parte de nuestro círculo de influencia y qué escapa al mismo?

Yo elijo seguir siendo protagonista de mi vida. ¡Adiós frustración!