Dentro de nuestros proyectos, uno de los aspectos clave que solemos potenciar entre los profesionales con los que trabajamos es la transferencia de conocimientos y experiencias construidas en un área para aprovecharlas en otra. Sea a nivel competencial o a nivel de estructura, la flexibilidad cognitiva y funcional es un activo de gran valor. Os cuento una historia no tan ficticia.

Hace poco, un compañero y yo fuimos a ese lugar de debate y gestión del conocimiento organizativo comúnmente conocido como “la máquina de café”. Mientras esperábamos que salieran nuestras respectivas bebidas, conversamos:

–  De verdad no me he enterado, ¿quién lo tiene que hacer?

–  Pues no sé –respondí– los de Operaciones se ocuparán de hacer la compra, pero han pedido la lista ya depurada. Deberíamos hacerla entre todos, ¿no?

–  ¡¿Entre todos?! Demasiado complicado… Yo como que mejor hago una RACI para que no nos pase lo mismo que en la cena de Navidad.

Nunca imaginé escuchar en la misma frase “RACI” y “cena de Navidad”. Y me pregunté: ¿para cuántas cosas no-profesionales me puede resultar útil una RACI?

Perdón, un momento… ¿Qué es una RACI?

Arriesgándome a ser simplista, una RACI es una matriz que cruza las actividades que se tienen que hacer entre los roles que participan en cada una de dichas actividades. Esta herramienta se suele utilizar frecuentemente en la gestión de proyectos, así como en la definición de procesos y procedimientos organizativos. Por un lado, en el eje vertical, identificamos las actividades que se necesitan hacer. Por otro, en el eje horizontal, delimitamos los 4 roles RACI:

RACI-Ray Human Capital

  • Responsible (encargado): son las personas encargadas de hacer.
  • Accountable (responsable): es la persona encargada de validar y responder por la actividad.
  • Consulted (consultado): son personas que poseen información importante para hacer la actividad
  • Informed (informado): son personas que deben mantenerse al tanto del progreso de la actividad.

La matriz resultante incluye en su interior a las personas, equipos, puestos, o empresas, etc., que participan en cada actividad según los roles asignados.  El valor de esta simple pero a la vez potente herramienta, radica en que previene el fenómeno de difusión de la responsabilidad (en cristiano: cuando todo es todos y termina siendo de nadie).

Entonces… ¿Una RACI para la compra?

Volviendo a la interrogante del principio y siendo sinceros, plantear formalmente una RACI para cada cosa de nuestra vida cotidiana sería bastante controlador. No hay que sobre-complejizar: menos es más. Sin embargo, la idea de usar formalmente una RACI para organizar una fiesta entre amigos me hizo gracia: alto tan técnico y profesional encontrando su lugar en algo tan social y distendido… Aunque quizá un poco de profesionalidad en las cosas no-profesionales no vendría tan mal.

Y tú, ¿tienes alguna anécdota en que hayas utilizado algo profesional en tu vida cotidiana?