A diario, en mi trabajo como HeadHunter, tengo contacto con profesionales que desempañan cargos de Middle Management y Especialistas Técnicos en un mercado empresarial que cada día se torna más exigente e incierto.

Mire donde mire, cada vez es más frecuente encontrarse con personas, que si bien poseen el talento suficiente que les avala como profesionales contrastados y de éxito dentro de sea cual sea su actividad, la característica común de aquellos que parecen más brillantes suele ser la actitud positiva ante su día a día.

La actitud, un básico de la motivación laboral

Es cierto que buscamos al profesional con más talento dentro de un determinado sector, compañía, rol o departamento, pero desde mi humilde punto de vista, considero que si alguien ha llegado a donde está es porque ese talento está de sobra contrastado y lo que hay que analizar es qué actitud tiene en este momento ante aquello que, en definitiva sustenta su vida, como es el trabajo.

Y es que en un panorama sociopolítico y laboral como el actual, donde las jornadas laborales son cada vez más largas, las exigencias mayores y las posibilidades de mejora cada vez más escasas, la palanca que cada uno tiene para seguir adelante y mejorar está en su propia actitud y motivación. No hay que olvidar que esta actitud además se basa en las creencias, y estas a su vez en los valores del individuo, pero que cuando uno se enmarca en un contexto social -y el trabajo y la carrera profesional desde luego que lo son- lo que una organización transmita con sus valores puede llegar a determinar la conducta que cada miembro realiza.

Han sido muchas las ocasiones en las que me he encontrado directivos tan comprometidos, identificados y leales con las compañías de las que provienen, que ni siquiera un proyetco realmente tentador le ha hecho plantearse ningun tipo cambio. Y digo yo, ¿qué falla cuando uno ve que un profesional brillante deja de serlo y que ya no tiene talento? ¿No será que ha cambiado su actitud? Y ese cambio de actitud ¿a que se debe?, pues sus creencias personales probablemente sigan siendo las mismas. ¿No será que lo que se ha transformado ha sido la visión de su organización, departamento, compañeros, subordinados o jefes? ¿o porque quizás, ha dejado de creer en sus propias metas?

A lo mejor, en estos tiempos donde los recursos economicos para incentivar, retener, motivar son cada vez más escasos, las empresas no deberían dejar de invertir tiempo y esfuerzo en cuidar y mimar los valores y creencias que cada profesional tiene sobre ellas para que así su actitud sea lo más positiva posible hacia lo que hace. Podemos analizarlo, entenderlo y si uno quiere… hasta remediarlo.